Jornada de cierre de la primera etapa del
Programa de investigaciones sobre
"Derechos Humanos, Migración y Participación"


Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires

 

JORGE VARGAS
Hegel y el cóndor indoamericano

Vamos a desarrollar algunas reflexiones acerca de la relación tardía o insuficiente entre conocimiento y práctica social, en zonas que acerquen las premisas teóricas o propuestas generales y/o estatales con situaciones sociales concretas en relación al devenir de la colectividad boliviana en este país, para luego plantear algunos aspectos de la complejidad propia de la colectividad como sujeto o actor social en su composición poblacional de forma diacrónica y sincrónica y en su historia particular, compartiendo algunas experiencias organizativas y territoriales, que nos ubican como parte de una historia común  en términos nacionales y continentales.
Para ello vamos a tomar un párrafo del filósofo alemán Hegel que nos permite abordar un aspecto de la relación entre teoría y praxis, y luego, en un segundo momento, desde la metáfora del búho de Minerva presente en ese texto, símbolo de la tradición grecolatina del pensamiento occidental, realizar un desplazamiento hacia la figura del cóndor indoamericano, figura y emblema de la cultura y cosmovisión de los pueblos originarios, planteado esto en un período histórico que ofrece desafíos conceptuales e ideológicos desde diversos procesos políticos actuales en el continente. Ambas simbologías están ligadas a tradiciones culturales tomadas a manera de metáfora y concepto, del conocimiento y poder en occidente en un caso, de la dignidad y la autoridad locales en el otro representados en el cóndor o kuntur mallku en aymara, como parte del universo de concepciones del Abya Yala nombre con el que se reconocía antiguamente al hoy continente americano.
Luego ejerceremos una suerte de reclamo reivindicación por el accionar represivo en nuestro continente, en este caso también por haber tomado el nombre de esa figura emblemática de nuestra identidad latinoamericana y de los pueblos originarios para un hecho represivo continental como lo fue el Plan Cóndor, cuyas acciones criminales sobre militantes y políticos latinoamericanos, tuvieron entre sus tantas víctimas al Gral. boliviano Juan José Torres, asesinado en Buenos Aires, quien compartió momentos y sueños en la etapa inicial de su exilio en un barrio que hace a nuestra historia como comunidad boliviana en Argentina, el Barrio Comunicaciones en la Villa de Retiro, aquel ligado al compromiso pastoral, social y político del recordado Padre Carlos Mugica..

Bien vamos a la bella y profunda metáfora hegeliana:: “Para agregar algo más sobre la pretensión de enseñar como debe ser el mundo, señalemos, por otra parte, que la filosofía llega siempre tarde. En cuanto pensamientodel mundo, aparece en el tiempo sólo después que la realidad ha consumado su proceso de formación y se halla ya lista y terminada. Lo que enseña el concepto, lo muestra con la misma necesidad la historia, sólo en la madurez de la realidad aparece lo ideal frente a lo real, y erige a este mismo mundo, aprehendido en su sustancia, en la figura de un reino intelectual. Cuando la filosofía pinta con sus tonos grises ya ha envejecido una figura de la vida que sus penumbras no pueden rejuvenecer, sino sólo conocer; el búho de Minerva inicia su vuelo al caer el crepúsculo.”

Sólo haremos dos aproximaciones a este párrafo, complejo y profundo en sí, aquella de la cuestión de la filosofía o conocimiento científico en una relación tardía o insuficiente con los acontecimientos sociales, ya resueltos en tanto procesos. Desearía abordar rápidamente ejemplos concretos, como el caso de los talleres textiles, donde las interpretaciones y acciones sobre esta dura realidad laboral surgen a posteriori de un hecho luctuoso, el incendio del taller de Caballito, luego vienen las denuncias, investigaciones y la apelación en mayor grado y presteza a los métodos represivos (clausuras, denuncias o tan sólo remiten a publicidades mediáticas como aquella del “denuncie el trabajo esclavo mata”..), lo cual habla de una limitación en el concepto integral de esta situación social, sin haber avanzado en forma sustantiva en el reconocimiento de la magnitud del problema – variedad en el tipo de composición y relación social interna de los talleres, formas de resolución del problema con participación organizada de los afectados, los trabajadores y trabajadoras costureros- quienes terminaron en situación más complicada, con mayor dificultad e inseguridad, viendo que las acciones tomadas no  se hayan concretado en medidas efectivas contra los grandes talleres y las marcas comerciales que están detrás de estas formas de explotación laboral; al menos tal es hasta el momento la visión al interior del grupo afectado, como percepción general.
Este tipo de acciones y reacciones surgen en momentos de crisis, cuando la manifestación traumática de estos hechos sociales genera respuestas e indagaciones múltiples, sobre todo desde la esfera estatal, tendiendo luego a generalizar y a la vez reducir el concepto a los factores emergentes de la situación o del momento. Con esto deseo señalar que el tema de los talleres no era parte activa de las agendas antes del incendio, luego toma una intensidad que no sabemos si termina desplazando otras cuestiones, por ejemplo la de las formas de integración o la de avanzar en la participación social en esta sociedad profundizando en la condición de ciudadanía.

Si “hay un conocimiento crítico de la sociedad que sea una consecuencia de la manera en que ocurren las cosas (estoy citando a René Zavaleta Mercado sociólogo boliviano) se trata entonces de partir de la especificidad de la materia social dado que la naturaleza de la materia debería determinar la índole de su conocimiento y entre tanto, la pretensión de una gramática universal aplicable a formaciones ( y situaciones) diversas suele no ser más que una dog matización”.
En el caso de los talleres u otras situaciones de crisis suele concluir en formas de reduccionismo que configuran de manera parcial al sujeto colectivo, no atendiendo a su complejidad y contradicciones, objeto antes que sujeto.
Si bien luego cuestionaremos la apoliticidad y matices reduccionistas del término colectividad, podemos señalar ahora, como suele escucharse, que la llamada colectividad boliviana es como una síntesis de “Bolivia en Argentina”, de ahí deviene lateralmente aquella linealidad plana, casi mecánica, de bolivianidad y nueva bolivianidad, la pregunta es que entendemos por Bolivia, si apelamos al fetichismo de la unidad será una Bolivia sin mayores distinciones, la consideraremos una generalidad como al decir “los bolivianos”, O decimos que es una síntesis de la Bolivia explotada, de aquella parte de su población que es obligada a tomar la decisión de partir por carencias económicas agudas o razones de conflicto políticos, obligada a abandonar la “llajta” como decimos nosotros o la “pacha” en tanto concepto articulado de tiempo y lugar.
Pero como toda síntesis también hay que agregar que es una síntesis connotada, es decir que es todo ello, como una suma de lo que sintetiza más su propia historia y complejidad, mas sus contradicciones y desgarros, mas sus procesos de agregación y desagregación social.
Sujeto o sector social que para ser, debe producir la negación de aquella negación fundante de todo sujeto migrante, de aquel desgarro primario y siempre forzado de la ruptura del tiempo y del lugar original,.
Y acá es donde planteamos otro interrogante: si ser migrante es una condición permanente, esencial o hay un momento en que se deja de serlo o en que condiciones ocurre, bajo cuales premisas concluye esa condición?. 

Bien, retornemos a la relación teoría y práctica. Si bien puede parecer de perogrullo afirmar que no es el ámbito académico quien deba resolver directamente las situaciones de crisis o problemas sociales, en este conflicto o en aquel proceso, lo que subyace a esta cuestión, es interrogarnos sobre el grado de vinculación efectiva que hay, o deba haber, entre la producción intelectual, la investigación y diagnósticos diversos, que contribuyan a construir y aplicar políticas públicas efectivas. O asumimos que son estancos separados y cada sector debe impulsar su propia praxis de forma autónoma y separada.
Quede claro que no me estoy refiriendo a la producción de un conocimiento instrumental, una suerte de “manual de cómo hacer bien las cosas” que subyace, por ejemplo, en el discurso del macrismo en sus referencias a la gestión, a la eficiencia en el manejo del recurso público, etc. , pensadas sólo en términos de gasto y recaudación.
Las celadas ideológicas pueden ser múltiples. Porque cuando se está  en el ejercicio de una función de gestión pública, en el nivel que sea, siempre se responde a determinadas líneas de acción que se corresponden, inevitablemente, con determinadas filosofías o concepciones ideológicas. Si estamos, por ejemplo, al frente de una asociación vecinal, también hay que tomar este tipo de decisiones. Nunca se presenta un empirismo plano, salvo momentos de situaciones en crisis agudas, donde la urgencia determina acciones.
Si decidimos basar acciones o gestiones en distribuir planes sociales, cajas de alimentos, armar comedores, estamos optando por una concepción y una línea de acción que podemos llamar asistencialista. Se puede considerar que es el Estado quien debe colocar sus propias estructuras para definir esta  línea de acción con lo cual se genera un determinado tipo de relación intersocial.
Otra opción es decidir encarar la gestión buscando promover las actividades culturales y educativas, pensando que son herramientas para que “la gente mejore y sea mas solidaria”. Podríamos entonces inducir y realizar una distinción de mayor necesidad, la de que este tipo de indagaciones, circulación o interrelación de conocimientos e información, superen la fragmentación social propia de nuestras sociedades, tanto en relación a clases sociales, a distancias culturales, como en las distribuciones injustas de los recursos económicos, de servicios y educativas, a fin de que lleguen a formar parte de los mismos sectores involucrados en sus acciones y formas organizadas y reivindicativas, dado que el grado de organización y cohesión al interior del grupo social afectado será mejor herramienta para avanzar en la resolución efectiva de los problemas o ser interfase mas efectiva con los sectores que deben apoyar o participar en la resolución de conflictos sociales, sea el estado u otros órganos sociales involucrados. Es un camino posible partiendo de la premisa de la plena participación activa y conciente de los sectores afectados con grados de organización alcanzados de modo integral, tanto en la concepción y ejercicio de derechos y no ser objetos pasivos en espera de acciones de terceros, muchas veces portando sesgos iluministas.
La construcción de una llamada alternativa popular, y sus fundamentos teóricos e ideológicos, sólo surgen de las prácticas colectivas y populares, la praxis histórica señala que abrevan en esas fuentes y no en iniciativas estatales o proyectos de investigación, por bienintencionados que sean.
Otro tipo de proceso que plantea demandas en ambos sentidos, tanto al estado como a la colectividad boliviana o al mundo andino residente en Buenos Aires, es un área de impacto social de contenidos múltiples como es el acceso y utilización del espacio público, lugares donde tienen su tiempo y espacio diversas expresiones culturales, rituales, donde se manifiestan grados significativos de desconocimiento de los derechos humanos y sociales, incluso por parte de la misma colectividad, donde están en consideración la aplicación o reconocimiento del derecho a la recreación, al uso del espacio público o a las expresiones culturales propias, o la asunción incipiente de los mismos, dicho esto en el sentido de ir incorporando estas premisas en el enunciado y objetivos de las prácticas de representación sociales y culturales de agrupaciones organizadas de la misma colectividad. Hoy caracterizaríamos que hay un accionar por sectores de forma fragmentada y aislada.
En este sentido, para considerar ejemplos precisos y concretos en desarrollo, vamos a incorporar en el análisis una tríada que me parece necesaria para un reconocimiento más integral del sentido, cultura y origen étnico de la llamada colectividad boliviana: tríada compuesta por comunidad, territorio y mediación hegemónica. Esta mediación múltiple está presente en las prácticas y relaciones sociales en el territorio porteño y bonaerense, en el Parque Indoamericano, en el Cementerio de Flores, en Charrúa en dos momentos, el de la festividad y como barrio, son ejemplos puntuales pero que se extienden a las realidades cotidianas, territoriales y sociales en general, donde también aparecen cuestiones y conflictos ligados al multiculturalismo y a otras concepciones del mundo en disputas de sentido y hegemonía.
El concepto comunidad se refiere a la presencia activa de la comunidad andina en una serie de interacciones o tecnologías de relaciones sociales a partir de conceptos / acción como el ayni o reciprocidad, el trabajo asociativo y colectivo o mink´a, de carácter económico como el pasanaku, o la rotación obligatoria en las responsabilidades directivas en una comunidad organizada, concepto último en relación estrecha con lo que podemos llamar democratización social o formación de liderazgos locales.
Por territorialidad se entiende la medida que esta comunidad, agrupación de individuos de este origen ocupan o se reconocen en un mismo marco territorial, y van dando diferentes sentidos dominantes a un espacio, en forma permanente o cíclica. Un ejemplo de forma permanente está ocurriendo en este Partido de La Matanza, en el caso de la localidad de Villa Celina, zona que debe ser el espacio poblado con mayor densidad de ciudadanos de origen boliviano, si partimos de la relación extensión territorial y densidad de habitantes, donde están en desarrollo múltiples procesos de urbanización y territorialización mediante cooperativas, urbanización por loteos, de iniciativa familiar, también en villas, con formas sociales, asociativas y culturales contradictorias. De paso señalemos que la representación estatal del partido de La Matanza no tiene ni tan solo un signo de interrogación acerca de esto que relato, dicho desde la perspectiva de generar políticas públicas o apoyar esos procesos..
El tercer concepto de esta tríada es la mediación hegemónica, que en el caso de la llamada colectividad boliviana para el presente es la mediación festiva, donde encontramos un amplio y activo conjunto de acciones organizadas por agrupaciones de individuos en pos de objetivos colectivos, preeminentes por cantidad y densidad, que aglutinan mayor cantidad de esfuerzos y recursos coordinados. Nos referimos a aquellas que se corresponden con lo que caracterizamos como la mediación festiva de la comunidad boliviana residente en Argentina. Si bien esta mediación festiva es hegemónica en este período, es parte de la mediación fundamental y determinante: la mediación comunitaria. 
Por mediación festiva entendemos una concepción vital, de interrelación y reciprocidad comunitaria con la sociedad y la naturaleza, con interposiciones míticas activas en contextos sociales ritualizados. Los grupos organizados que funcionan en esta dimensión festiva de su realidad, lo hacen en contextos específicos como festividades patronales, prestes (festividades micros), o en el abanico de celebraciones familiares como bautismos, casamientos, etc.; con todo, esta mediación festiva también irradia, en mayor o menor grado, a todas las formas de relación social al interior de este sector poblacional (económicas, culturales, etc). Son las más numerosas en cantidad de eventos sociales y grupos organizados, en diversidad de esfuerzos y recursos convocados, hasta convertirse en la mediación social actual preeminente de esta comunidad migrante y propiciar las formas organizativas mas complejas y sofisticadas.
Veamos ejemplos de la mediación cultural, donde la relación con esas manifestaciones son sólo como expresión folklórica, deshistorizada en tanto los conflictos culturales aparecen folklorizados, mitificados en formas ausentes de un lejano idealizado como expresión folklórica, como exotismo bajo el cual Occidente habitualmente representa a los otros. Estas relaciones entre sectores migrantes y estado o representaciones quedan confinadas a espectáculos, festivales multiculturales o ferias de colectividades sin considerar las potencialidades para una relación que aproxime a formas de integración o políticas sociales y públicas integrales desde la misma lógica y dinámicas organizativas territoriales Con todo, una mirada un tanto más sutil que acompañe estas manifestaciones y prácticas debería ser mas productiva que este empirismo intersocial, considerará que detrás de estas prácticas colectivas  se encuentra la comunidad andina, pero no como representación pastoril sino como mediación plena de conflictos contemporáneos.
Y acá surge la simplificación conceptual de un término como colectividad, término despolitizado, neutro, no antinómico. Pero igual  veamos como se formula. Habitualmente este término alude a “los migrantes bolivianos llegados al país, objetos usuales de discriminación, xenofobia y racismo, indocumentados y que en mayor o menor grado perdieron su identidad, por tales motivos son víctimas propicias para ser reducidos a esclavos, a la exclusión crónica”.
Volvamos a la tríada de territorio, comunidad y mediaciones festivas como especificidades culturales y asociativas. Tomando una perspectiva diacrónica, asumamos que la comunidad boliviana lleva cinco décadas como sujeto colectivo, que hay como tres estadíos en el tipo de población: los migrantes iniciales y familia, una segunda compuesta por estos hijos de migrantes y los llegados luego mas un tipo de población producto del exilio político, debido a las luchas sociales de la época y una tercera, llegada a partir de las crisis neoliberales, que fue objeto de algunas campañas mediáticas en los noventa, y objeto de estudio a partir del cual generalizan y simplifican la composición social de este sujeto social en ciernes, que fue “bautizada como colectividad boliviana“ hace alrededor de veinte años. Pensar que una persona que reside hace cuarenta años tiene problemas de documentación o anda perdido con su identidad es como simplificar la cuestión.
Por otro lado en sentido sincrónico se encuentran no sólo los nacidos en Bolivia, también los hijos de bolivianos nacidos en este país y aún las mismas parejas de origen criollo, modo de problematizar este universo poblacional como lo describe Fulvio Rivero Sierra, investigador del Conicet, para la realización de un censo realizado en Lules, en la provincia de Tucumán, donde incluso se consideró la forma de Organización Comunitaria como división política, como ente jurídico.
No consideramos aquí los grados o niveles de inserción o agregación social, cultural y económica logrados hasta el presente, de forma individual, familiar o colectiva. En todo caso este sector de la colectividad boliviana, que considero mayoritario, padece los mismos problemas que cualquier familia o vecino de los barrios donde habita: la falta de empleo digno, el tema de la seguridad, que el consumo de drogas como “el paco” afectan en mayor grado a los jóvenes, la droga no hace distinciones si son o no hijos o nietos de migrantes, sumemos la falta de perspectivas laborales en los jóvenes, etc. En todo caso podemos agregar que son los problemas y dilemas que plantean la integración, agregación social o adjunción, buscando un concepto adecuado, donde la pregunta no es si va a haber integración, sino que formas van adquiriendo esos procesos. Procesos como los señalados en Villa Celina se desarrollan porque hay un superposición de los estadíos señalados, son las premisas que los hacen posibles. En el caso de Charrúa todo esto es mucho más claro, por la extensión territorial acotada pero no por ello menos densa.
 
También se percibe esta distancia conceptual, cultural, social, en las percepciones de la colectividad boliviana, hay que presumir que en mayor o menor grado también para con los otros grupos migrantes que provienen del continente, en los planteos y recomendaciones del Compromiso sobre Migraciones y Desarrollo de los Jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Iberoamericana, realizado en el marco de la XVI Cumbre Iberoamericana en Montevideo, el 4 y 5 de este mes. Veinticinco puntos y veinticuatro recomendaciones donde no aparece una aproximación a las dinámicas reales de nuestra población. en la medida de mediaciones públicas, hay una falta de percepción o adecuación entre este tipo de declaraciones  que encuentre correspondencias operativas en la aplicación de  políticas públicas o acciones estatales. Resulta un tanto arduo encontrar correlaciones entre este tipo de Declaraciones o recomendaciones como la de la Cumbre Iberoamericana y procesos colectivos concretos como los que se desarrollan por ejemplo en Villa Celina, hay distancias conceptuales  y son diferentes las configuraciones discursivas del sujeto social, reducidas a lo que consideramos la tercera etapa de los contingentes migratorios, la de sujetos siempre en emergencia, meros oyentes o receptores pasivos de sus derechos.
Esta es la relación asincrónica e insuficiente entre teoría y práctica, volviendo al párrafo de Hegel, buscando superarla desde la constitución de contextos más flexibles para la articulación, ejercicio y asunción del conocimiento, difusión y aplicación en la práctica de los derechos humanos, sociales y de las formas de participación democrática en los procesos de constitución de una ciudadanía activa.
Dos. Retornemos al párrafo de Hegel, esta vez desde la alusión al búho de Minerva para luego pasar a considerar el cóndor americano, en un caso como metáfora y como símbolo de un continente en la otra. Y esto, que no pretende ser “una metáfora a vuelo de pájaro”, permítanme jugar un poco con las ironías, es también salir de las raíces europeas y pasar a reflexionar desde nuestra territorialidad continental. Este traslado no significa ejercer o ser militantes de algún tipo de aintieuropeísmo sino sólo  cuestionar manifestaciones del eurocentrismo, que es cosa distinta, pues se trata de no ignorar las “creaciones de nuestros abuelos espirituales del Mediterráneo” citando la expresión de Pedro Henríquez Ureña, aquel dominicano tan entrañable como ignorado en este país, en el cual vivió y murió de un ataque al corazón en un tren en Constitución, camino a la Universidad de La Plata, donde enseñó por veinte años.
El cóndor o mallku es sinónimo de autoridad y dignidad en las comunidades y culturas andinas. El Mallku simboliza la máxima autoridad comunal entre los aymaras. El cóndor representa con toda legitimidad a los pueblos originarios, está presente en las banderas y los escudos de varios países andinos y los pueblos originarios de esa región, que lo han representado en todas las épocas en sus  relatos y concepciones. También su nombre, kuntur mallku, está relacionado con la ritualidad sobre la fertilidad como productor y reproductor de la papa, el alimento por excelencia de los pueblos andinos.
Bien, no voy a abundar mucho en estas cuestiones, pero en la historia reciente hay un hecho que indigna, el bastardeo del concepto y el símbolo, dado que 
se bautizó el más perverso articulación represiva estatal que haya existido en Sudamérica con el nombre de "Plan Cóndor". Además de asesinar a dirigentes y militantes, robaron uno de los símbolos más nobles para bautizar un plan por el cual se cometieron crímenes, torturas y secuestros en otra muestra de la ignominia de la sistémica opresora en América Latina.
Entre los víctimas de dicho plan se encuentra  el del Gral. Juan José Torres, quien por un lado nos refiere  la segunda etapa de migrantes que señalaba con anterioridad, de mucho exilio, que nos remite a una territorialidad e historia un tanto oculta de la comunidad boliviana en este país. También como parte de un tiempo y período que aún permanece en las penumbras de la memoria y un tiempo que no es considerado parte de una historia de la comunidad boliviana en este país.
La remisión a la Villa de Retiro en las décadas del sesenta y setenta es índice preciso de otra historia pues hay una construcción que tiende a anclar la constitución de la colectividad en las décadas del noventa / ochenta, ligar la imagen a “discriminación - xenofobia - exclusión” como matices relevantes.
Justamente, al tomar el nombre de Carlos Mugica nos remite a otro enfoque, como parte de un sector social con historia, no como excluidos, no como marginales o sometidos, sino como parte de una historia mucho más compleja y resistente como cuando en esos años se compartieron tiempos experiencias, militancia y la alegría de la vida intensa de esos años, o a tantos seres queridos u otros de los tantísimos héroes anónimos como el tucumano José Valenzuela, ex-presidente del barrio Comunicaciones y el MVP fallecido en la voluntad organizadora y solitaria de los años noventa en Villa Soldati
Si bien esta cita nos traslada a una referencia precisa, la práctica y ejemplo del compromiso pastoral, político e ideológico del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo (MSTM), esta forma decidida de integridad comprometida del ser humano fue un matiz sustantivo de esas generaciones, en especial de la juventud.
Convengamos ahora que las hegemonías no son permanentes ni de un solo signo, ni la fragmentación social sólo afecta a las clases mayoritarias como método de la dominación. En este sentido el testimonio de estos sacerdotes y la concepción del rol de la iglesia que postulaban es ejemplar en su integridad y convoca a reflexionar sobre otros matices acerca del rol de la institución eclesial, tanto en su propia historia como en la de la región, planteado en tanto mecanismo histórico de la dominación en el devenir de nuestro continente, así como en relación al rol específico en los contextos particulares sobre los que venimos tratando desde nuestras indagaciones: las mediaciones festivas y comunitarias.
Opciones de compromiso que abarcaban al ser humano en su integridad, en decisiones colectivas e individuales, búsquedas ideológicas, en las estructura de poder, a lo cual hay que sumar espacios, territorios y barrios.
Desde estas matrices la época pudo posibilitar el ser y estar compartido de un Mugica Echagüe junto con un Mamani o Quispe, o un Valenzuela o López llegados del interior del país, caminando los pasillos, fraternizando ideales y labores en las casillas de la villa, compartiendo el vino de la nueva vida, debatiendo en la acción la construcción de una cosmovisión integral, de otra concepción del mundo.
No fue cosa del azar que en uno de los barrios, Comunicaciones, de la villa de Retiro, el “barrio boliviano” de ese período, confluyeran Carlos Mugica, el ex presidente boliviano, el Gral. Juan José Torres, el mismo Rodolfo Walsh junto a otros presidentes como Héctor J. Cámpora o Juan Domingo Perón, así como tantísima persona de los más variados sectores sociales, políticos, culturales. Posee su lógica entonces y no resulta cosa de azar que Comunicaciones y la Villa de Retiro hayan sido uno de los primeros asentamientos sometidos a la represión y a la erradicación, que Carlos Mugica haya sido el primer sacerdote asesinado de ese movimiento, que de los 524 sacerdotes que llegó a tener el MSTM, el 8, 89 % del clero argentino, nueve religiosos fueron asesinados y cuatro desaparecidos.
A modo de conclusión, si nombramos este barrio y a los sacerdotes villeros, en tanto otro paradigma territorial y otro núcleo social, es porque forman parte de la historia de la comunidad de origen boliviano en este país, porque los límites y categorías suelen fragmentar y reificar en compartimientos separados, sin considerar que  forman parte de una historia común, historia que, también, como tantas otras en este país, continúa menoscabada y oculta

 

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